Domingo 7 de diciembre de 2008. Acapulco, Gro. MÉXICO. Si el poder se ejerce con propósitos de control y exclusión de los que piensan diferente o persiguen objetivos diferentes, se deslegitima y se pone en riesgo; peor aún, si se confronta se pone en riesgo como pudimos atestiguar a lo largo de este aciago mes de noviembre, donde vivimos una crisis en la gobernabilidad, el desafío a la autoridad, el secuestro de las vialidades, el vandalismo, asalto en contra de ciudadanos y la impunidad en un clima enrarecido, el sistema se colapsó.

Tampoco puede haber lucha social donde se persiguen intereses particulares o de grupo, por ello el movimiento magisterial ha encontrado un amplio rechazo de la ciudadanía.
No se puede arrinconar a la autoridad de esta manera para sostener prebendas y canonjías identificadas con un pasado que los guerrerenses queremos dejar atrás.
Sin embargo, ésta ha sido la vía que han escogido CETEG y estudiantes normalistas de Ayotzinapa, quizá producto de la indolencia oficial, pero que en nada nos hace ser mejores ni justifica los excesos en que han incurrido, porque se abre la vía para que otras expresiones sociales, al ver que se puede trastornar la vida de la comunidad es la vía para lograr sus propósitos, recurran a la expresión violenta. Ese no es el camino.
Los cetegistas pusieron de cabeza a Acapulco. Con todo y la irritación que causaron, los maestros vinieron, vieron y vencieron, pues se llevaron en la bolsa la suspensión de la Alianza por la Calidad de la Educación.
No hubo autoridad alguna, estatal, mucho menos municipal, el alcalde Félix Salgado Macedonio les otorgó todas las facilidades para instalarse y ninguno de los cuatro días que duró el bloqueo, se presentó a mediar para que se liberara una arteria.
La situación se tensó cuando ciudadanos, molestos por el trastorno ocasionado, convocaron a través del programa radiofónico que conduce el periodista Jorge Zamora Téllez, a reunirse a la altura del Asta Bandera para ir a desalojar de propia mano a los plantonistas.
Patricia Segovia, Roberto Castillo, Magda Adame, entre otros, hicieron llamados a la ciudadanía para tomar en sus manos la solución del conflicto. Afortunadamente, la situación no pasó a mayores.
Durante cuatro días, Acapulco sufrió por parte de la CETEG el secuestro de la avenida más importante para propios y turistas. Los maestros instalaron su campamento a las afueras del Centro Internacional Acapulco, sobre la Costera Miguel Alemán, ahí comieron, durmieron, se bañaron, defecaron. Luego marcharon rumbo al zócalo, se regresaron a esperar la negociación con el gobernador Torreblanca Galindo.
La presencia de maestros traídos de otras entidades de la República, pero sobre todo del líder opositor a La Parota, Marco Antonio Suástegui en la marcha, presagiaba la agudización del conflicto magisterial, y amenzaba convertirse en un incontrolable conflicto social, Guerrero se oaxaquizaba. Los maestros se plantaban en diversas zonas de la costera, las horas pasaban y los acuerdos no llegaban.
Con la autoridad ausente, la gobernabilidad se hizo añicos y sólo la aceptación de la suspensión del Acuerdo para la Calidad Educativa (ACE), logró conjurar un movimiento que por momentos se identificaba como una provocación para tumbar al gobernador Zeferino Torreblanca.
El alcalde Félix Salgado se solazaba de los apuros del gobernador: “No sabemos si la ACE se hace o no se hace, y pues como no tiene hache, yo creo que no se hace”, cantinfleó y en tono amenazador decía que el conflicto tenía “raíces profundas”, tan profundas como las diferencias que sostuvo a lo largo de su peculiar y atormentado trienio con el Ejecutivo estatal.
Finalmente los acuerdos llegaron, los maestros se fueron. Aparentemente. Email: mojojojo_1964@yahoo.com








Comentarios