Antrología — 19 junio 2007

Martes 19 de junio de 2007. Acapulco, Gro. MÉXICO. Eran las tres de la tarde del sábado anterior y nos disponíamos a comer pollito a la Fogata con mi buen amigo y casi hermano el Nazarius. Inmediatamente después de la comida le sugerí al Nazarius que fueramos a bailar al Palladium e invitar a algunas amigas para desestresarnos.

La discusión comenzó cuando no nos poníamos de acuerdo en qué vehículo íbamos a salir, estábamos indecisos entre un Jetta 2007 color arena o la camioneta Cadillac Escalade 2002 toda equipada en color arena.

La elección se inclinó sobre el Jetta debido a que la Escalade estaba sucia y ya era muy tarde para mandarla a lavar. Una vez decido el vehículo le marcamos a unas amigas para compartir nuestro mundo de diversión.

Saturday night
Alrededor de las nueve y media de la noche nos alistamos en chinga y nos fuimos a recoger a las amigas del Nazarius. Una vez reunidos decidimos pasar al Mangos y empezar a calentar motores. Nos echamos un jueguito de dominó, unas cervezas, unos martinis y desde ahí le hablé a un par de amigas para que se sumaran a nuestra noche.

Eran como las doce y media de la noche y decidimos lanzarnos al Palladium. Al llegar a la puerta el wey de la entrada negó el acceso a todos mis acompañantes, por lo que me encabroné en ese instante porque soy cliente distinguido desde la mismísima apertura de esta chingadera de antro.

Inmediatamente todavía encabronado hablé con el gerente para que permitiera el acceso incondicional de mis amigos, por lo que de manera amable y cortés le dije al nazarius: “¡pásale cabrón!”.

Una vez en los covers, con mi tarjeta de socio distinguido en la mano, le apliqué un pinche descuento al cover del nazarius, porque este wey y yo casi somos uno mismo. Las niñas también pagaron sus covers con su respectivo descuento por supuesto.

 

Una vez dentro nos instalamos en la barra para disponernos a consumir bebidas embriagantes. A lo que una de mis amigas comentó de manera sutil: “¡No mames, que buena peda me voy a poner hoy!”, cuando empezó a ver que el alcohol fluía por la barra como agua por los ríos. Ordenamos bebidas como el Obsession, Extasy, Winnie Pooh, Mellon Sawyer, Piquete de Víbora, Semen de Burro y ya no recuerdo que más nos metimos después porque ya me estaba poniendo pedo.

 

Empezando la música más “quéibron” (anglicismo que proviene del vocablo “más cabrón”) y ya con alcohol en la sangre nos fuimos a bailar a la pista donde todas las chavas mostraron sus pasos más sofisticados.

Entretanto que me preocupaba por la comodidad de mis acompañantes, le pedí a uno de los meseros que me asignara una mesa o mejor un booth para estar más comodos y ser vistos por la sociedad ahí reunida.

Inmediatamente mi solicitud fue resuelta y desde ahí disfrutamos del espectáculo pues como a la una y media de la mañana los acróbatas/bailarines realizaban su performance ante la mirada de los presentes, entre quienes se apreciaba la preocupación de que no se fueran a caer y romper la madre.

 

El Azteca de Pal y su Show de siempre
Lo mas emotivo fue el show del pinche indígena: el Azteca de Palladium. Este Azteca, considerado ya un clásico de Pall, sale enfundado en su taparrabo, con su penacho de colores y cubierto de maquillaje plateado – el cual según rumores es tóxico, cancerígeno y produce disfunción eréctil y comportamiento homosexual entre otros efectos secundarios, según rumores, a mi no me crean-.

 

El caso es que toda la gente se excita al ver el show de este wey, peor aun los que ya están más pedos. Después de este show, el lugar es inundado por la lluvia de estrellas para marcar el fin de la noche. Ya como a las 4:30 a.m. mas o menos nos dispusimos a huir del lugar no sin dejar una cuantiosa propina al mesero por sus servicios prestados a la nación.

En la propina fue donde el pinche Nazarius reclamaba sus 50 varos de la lavada de la camioneta, los cuales había aportado con anterioridad y que no fueron ejercidos, a lo cual respondí sin titubeos: “Esos 50 varos olvídalos, son parte del pasado y déjale algo al mesero que no tiene la culpa de tus pobrezas, cabrón.”

Hasta donde recuerdo entre los dos le dejamos 200 pesos al wey, que es más o menos la cuota promedio que se les deja. Yo a esa hora ya estaba pedo y me fui en mi coche sólo y ya no supe cómo se fueron los demás.

Al día siguiente me acordé de ellos y le marqué al Nazarius, quien me comentó que él llevo a sus amigas en su Jetta y mis amigas se fueron solas en su respectiva nave. De ahí concluí que el alcohol puede destruir tu vida, no bebas, para eso estoy yo.

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